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Desde hace algunos años nos vienen achuchando con tantas Nuevas Tecnologías para todo, Tecnologías, así, con mayúsculas; como si fueran un dios. O en acrónimo las TIC, que significa Tecnologías de la Información y Comunicaciones, y que es como a los freakies les gusta denominar a las cosas, es decir, con siglas, aunque yo no sé por qué en este caso no están en inglés, que queda mucho más cool, más nice, y sobre todo, más fashion... ;-p

¿Qué Hacer con Tanta Tecnología?Tecnologías hay muchas. Cuando los cromañones hacían filetes con una piedra tallada, estaban usando la tecnología de su tiempo. Y no tenían que pagar derechos al señor que la había inventado. En nuestro tiempo hablar de tecnologías es hablar de Internet, hablar de la Red, hablar de la Web, así, todas con mayúsculas, como un dios. Yo soy fiel devoto de San Google.

Algunos me dirán que no, que qué pasa con el CERN, los aviones, los nuevos quirófanos a los que no les tiembla la mano… pero la diferencia es notable, el acelerador de partículas es un laboratorio extravagante donde hay física, sólo física, y bastante teórica por cierto, pues aunque hayan logrado atrapar al escurridizo bosón de Higgs están todavía muy lejos de pintar una nave con un barniz antigravitatorio. Y respecto a los aviones, los misiles, los grandes buques, los satélites y todo lo que ustedes quieran, forman parte de las Nuevas Tecnologías pero sólo son periféricos, un poco más complicados que una impresora, pero periféricos al fin y al cabo.

Un periférico es, básicamente, un artefacto que se controla desde un ordenador o que sirve para controlar al ordenador. Los clásicos son la pantalla, el ratón, el teclado, la cámara, la impresora, un cañón, una memoria externa, etc. pero podemos complicarlos todo lo que queramos. Un portaviones que maniobra automáticamente para atracar en un puerto es un simple periférico, uno muy grande y muy caro, que no sé para qué sirve, pero eso es, una máquina que se controla desde un ordenador, y éste no necesita ser caro, desde una simple PC portátil se puede maniobrar un avión o un portaviones.

Por lo tanto, hablar de tecnología hoy es hablar de Internet, el proceloso maredatum donde algunos navegantes todavía se extravían, y eso que cada día las tecnologías se fabrican más sencillas de entender y manejar. Hoy por hoy, el concepto de “usabilidad” o facilidad de uso es el principal factor de calidad en cualquier software, y los sitios que visitamos en Internet son eso, puro software para presentar, y para procesar contenidos dinámicamente.

Y ojo, que en esta última afirmación se encuentra todo el meollo del asunto, porque una cosa es “presentar” la información, presentar contenidos, y otra muy distinta es “procesarla” en el momento en que es requerida y de la forma que es necesaria para el usuario que la está demandando. Presentar información es algo estático, muerto, como un periódico ¿alguien le habla a un periódico? ¿un periódico reacciona ante nuestras peticiones? Sin embargo, Internet así era en sus primeros años. Ahora es algo vivo, algo que interactúa con el usuario, nosotros le vamos pidiendo y la Red o un buen sitio web nos indicarán qué hacer, cómo hacerlo y las alternativas que tenemos, y esto varía en función de muchos parámetros, el billete de autobús que teníamos disponible hace un segundo puede que ya no lo esté en el momento de comprarlo.

¿Qué Hacer con Tanta Tecnología?Y esta diferencia que parece sutil lo es todo. En los primeros años de Internet las webs eran así, estáticas, la gente subía textos, imágenes, y algún video que no fuera muy pesado, es decir, la gente subía contenidos. Luego, ciertas agencias especializadas los metían en índices para que fueran accesibles para las personas que buscaban ese tipo información, y listo.

La gente accedía a los contenidos y ahí se acababa la historia, eran los tiempos de la Web 1.0 o La Web presencial, la primera generación de Internet. Era interesante eso de no tener que ir al kiosco a comprar una revista, que además de tener un precio considerable, era difícil de esconder y al final nos costaba una buena bronca en casa.

Pero eso no iba a durar mucho, el cometido de Internet no iba a ser simplemente fastidiar a los libreros y a los kiosqueros. En seguida miles de adictos al estudio y al conocimiento juntaron sus cerebros para conseguir que la Web fuera dinámica, pero no dinámica en el sentido de poner cositas vistosas que se mueven en la pantalla, sino dinámicas en el sentido de interactividad, es decir, la información que recibe el usuario no existía antes, es una “instancia” exclusiva para él, que se ha generado automáticamente y en tiempo real, en función de sus requerimientos.

Nace así, con el nuevo milenio la segunda generación de Internet, la Web 2.0, también llamada Web dinámica o Web interactiva. Lógicamente siempre hay nostálgicos que siguen construyendo sitios web desde cero y en HTML o en Flash, una labor muy ardua en comparación a como se construyen las webs ahora, y no pueden aspirar más que a propósitos meramente presenciales, que es algo verdaderamente grave en un universo digital que pone a nuestra disposición un montón de herramientas para hacernos la vida mucho más fácil, más divertida, y, sobre todo, más útil y más eficiente.

Actualmente ya no se programan las webs, sé que para muchos esto es una barbaridad, y que duele haber invertido cierto esfuerzo en aprender a programar para que luego te vengan con algo así, pero es que así es, ya nadie codifica un software que ya existe y que está suficientemente probado y mejorado día a día por la comunidad GNU o GPL que cuenta con millones de miembros en todo el mundo. Se codifica únicamente, en todo caso, el software que no existe, y éste suele consistir en meros plugins o extensiones para algún propósito específico, y que luego en el caso de que funcionen eficientemente y de que guarden todos los estándares, se donan a la comunidad para el beneficio de todos.

¿Qué Hacer con Tanta Tecnología?Entonces, si ya no se programa ¿a qué demonios se dedican los programadores? Se preguntarán ustedes, pues a integrar códigos. Programar hoy es hacer costura. Programar es como ir al supermercado, sólo una de las fases dentro del proceso de la ingeniería del software.

El desarrollo del software se parece mucho a una cocina. Lo más importante de todo es recoger bien los requerimientos, es decir, anotar muy bien qué es lo que quiere cenar el cliente.

Una vez que tenemos esto, vamos al supermercado a escoger los ingredientes que mejor se adaptan al plato que queremos cocinar. Obviamente nosotros no fabricamos esos ingredientes, ni los pescamos, ni los cultivamos ni los vamos a cazar, los adquirimos ya envasados y con garantía de calidad. En esta fase, lo importante es saber en qué supermercado se encuentran los productos que necesitamos en mayor variedad y calidad. Curiosamente, y al contrario que en la vida física, los mejores supermercados, las mejores tecnologías, es decir, donde se encuentran los mejores componentes, no es que sean más baratos, es que son ¡gratis!

Como lo oyen, los mejores componentes de software para Internet que hay en el mercado son gratuitos. En su día alguien los fabricó, los probó y los donó a la comunidad del software libre. La empresa de mayor plantilla que hay en el mundo, y que además no tiene jefes. Y pretenden competir con ella pequeñas corporaciones como Microsoft o Apple…

Sí, éstos tienen un software para hacer webs chulillo y muy caro, pero paradójicamente de peor calidad: menos seguridad, menos usabilidad, menos soporte, menos funcionalidad, y variedad inexistente. Ahí sí, si alguien se decide por mandar hacer su sitio web con tecnologías de Microsoft, que sepa que además del desembolso que tendrá que realizar (que para algunos, me crean o no, eso es lo de menos), tendrá que mandar codificar un buen número de extensiones porque, sencillamente, no existen para dicha tecnología.

No obstante, entre un 5% y un 10% de todas las webs dinámicas que se realizan en el mundo se construyen con herramientas de Microsoft, y eso es porque es difícil convencer al ser humano de que algo que cuesta menos pueda ser de mayor calidad que lo que cuesta mucho más. Y también tiene mucho que ver el desgraciado refrán ese de que más vale lo malo conocido…

¿Qué Hacer con Tanta Tecnología?Pero las cifras cantan. Más del 90% de las tiendas virtuales operativas están hechas con software libre. Ocurre lo mismo con las plataformas de enseñanza y prácticamente todas las redes sociales, incluido Facebook. Aunque desde que Facebook fue adquirido por Microsoft viene experimentando cierto proceso de ingeniería inversa y de reestructuración, que lo irá complicado poco a poco sin añadir nada nuevo.

Si el software libre fuera menos seguro que el de pago, como esgrimen algunos de sus detractores, no se hubieran implementado con software libre las versiones digitales de las principales firmas comerciales, las principales bases de datos de carácter personal y estratégico, ni la práctica totalidad de los mejores dinamismos que podemos encontrar en Internet, incluidas las pasarelas de pago.

Tan sólo ciertas instituciones gubernamentales y financieras demandan software de pago, pero eso es lógico, manejan dinero de otros… y sin embargo, no hay día en que sus sistemas no estén siendo hackeados. Ni el departamento de defensa de los EEUU se libra de las hazañas de algún estudiante ansioso por demostrar a su club de freakies su valía y sus descubrimientos. Luego Wikileaks hace nada más la labor periodística y se come todo el marrón. Pero ese es ya otro tema.

"Pero bueno, y porqué, con lo bien que me manejo yo con mi muro de Facebook, me voy a meter en líos de una web dinámica, por muy gratuito que sea el software. Aunque el programador no lo programe, luego te cobra una pasta por integrarte los componentes, por hacerte los diseños, por meterte los contenidos a la base de datos y darles maquetación, y además hay que pagar un dominio, un hosting… Al final lo gratuito sale caro, o no?"

Pues no, mi amigo, todo lo que me acabas de citar también se paga empleando tecnologías privadas, pero además a los adeptos de Microsoft hay que pagarles pluses por la programación, los derechos, las pruebas, los arreglos, y algo difícil de cuantificar como es el hecho de que las aplicaciones le dejen a uno tirado en el momento más inoportuno y bochornoso, y que ni se le ocurra a nadie editar un código de pago, pues al no obedecer a ningún estándar de programación, en el supuesto de que demos con la avería, lo más probable es que nos carguemos otra cosa. Por si esto no fuera suficiente, otras razones son éstas:

¿Qué Hacer con Tanta Tecnología?Desde el punto de vista de la imagen, la imagen corporativa me refiero, la imagen pública de una marca o de una institución. Este aspecto es fundamental. No estar en Internet es como no salir de casa. Pretender vender algo, o tener presencia física en otros lugares sin estar en ellos, es difícil, de hecho, encontrar la forma de hacerlo es uno de los propósitos que justifican la existencia del CERN, quizás Santa Teresa en alguna de sus bilocaciones místicas lograse algo así.

Ahora bien, estar en Internet nada más mediante un muro de Facebook es como andar por la calle en calzoncillos, si se me permite la expresión. Si estamos paseando por la playa o por el campo pues da igual, incluso sería inapropiado hacerlo llevando puesto un traje de Armani, pero si salimos a vender o a dar la impresión de que somos personas organizadas, serias, laboriosas y eficaces, no queda otro remedio que cuidar el aspecto, porque sí, será más importante el fondo que las formas, pero sin una presentación adecuada, el fondo, por hermoso que sea, puede convertirse en un abismo, y nuestro producto o servicio caer en saco roto. La primera impresión, también en Internet, es la que queda.

En segundo lugar está la funcionalidad. Para un técnico debería ser la primera, pero cada día tengo más claro que el aspecto lo es casi todo. Es, al menos, la puerta de entrada del éxito en cualquier campo de la vida (aunque algunos no lo practiquemos mucho). Lo que se puede resolver mediante las actuales aplicaciones remotas es prácticamente todo. No emplearlas en estos tiempos es sinónimo de quedarse atrás. Aunque bueno, donde nadie las emplea tampoco se nota mucho esta diferencia, pero se notará, y mucho, y cuanto antes reservemos posiciones y nos diferenciemos positivamente, mucho mejor. Pero hay aún más razones.

Poder estar en el banco sin salir de casa, y hacer mis transacciones sin colas, ni horarios, ni mirar a ver si hay cacos en las inmediaciones que me puedan levantar la cartera, cacos fuera del banco me refiero, adentro es imposible no hallarlos…

¿Qué Hacer con Tanta Tecnología?Ahorrarse la cola del cable, la del teléfono, la del cine, e incluso mandarle un whatsapp a la señora del mercado para que se pase a vernos y nos traiga un paquetito, son la punta del iceberg que suponen las tecnologías en nuestro tiempo. Aun así, cada quincena vemos las enormes colas que se producen por un simple vacío en nuestro sistema educativo, donde se debería enseñar a todo el mundo lo fácil y útil que es hacer uso de las nuevas tecnologías, y las incomodidades y disgustos que pueden evitarnos. Una de las muchas lagunas académicas que, en opinión de los especialistas, convierte a nuestro sistema de enseñanza, en un sistema obsoleto y anacrónico.

Poder presentar las facturas y las declaraciones de impuestos también desde casa sin tener que dejar el coche mal aparcado ni calentar una silla durante horas, o tener que ver la cara de displicencia de ciertos funcionarios, eso tampoco tiene precio.

Ir a nuestro ayuntamiento virtual y nosotros mismos expedir un certificado, solicitar un catastro o tramitar nosotros mismos una multa, siempre que nuestro ayuntamiento se haya apuntado a las nuevas tecnologías, y nos ofrezca estas facilidades, hoy por hoy triviales, tampoco es una idea desdeñable. A menos que uno quiera pasarse a saludar a la moza de la ventanilla, en eso la tecnología no ha avanzado tanto. Este tipo de citas se hacen estupendamente en los portales de contactos, pero no en los ayuntamientos.

En la educación el provecho es infinito, todo el conocimiento se encuentra en la Red, tan sólo hay que saber encontrarlo. La formación autodidacta pronto empezará a ser tan valorada como la académica oficial. Pero aparte de eso, hay maravillosas plataformas de enseñanza o e-learning (suena mucho más bonito, qué duda cabe), que se ajustan a todas las necesidades, desde compartir información acerca de materias, exámenes, ejercicios, evaluaciones, contacto con profesores y con alumnos, material didáctico, eventos, etc. hasta ofrecer la propia versión digital de las enseñanzas presenciales homologadas como hace la UNED en España.

Las compras por Internet son otra realidad tecnológica ineludible. Comprar un electrodoméstico, un vehículo, un mueble, una vivienda, contratar cualquier servicio, o simplemente adquirir una entrada para el cine, para el futbol, para el teatro, o un billete de autobús o de avión, un crucero, o una expedición por el Amazonas, en todos los casos no sólo es más cómodo y seguro hacerlo desde casa, sino que obtenemos mejores precios que en la selva, eso sin duda. Siempre hay descuentos por comprar en Internet, y más en compras anticipadas.

¿Qué Hacer con Tanta Tecnología?Cualquier cosa que se pueda vender la podemos encontrar en Internet, y una vez que sabemos lo que queremos, comprarla ahí mismo en la web (si ofrece esta posibilidad) es lo más cómodo. Pero también se hace mucho una cosa que los propensos a la neurastenia de supermercado valoramos enormemente, que es observar el mercado desde casa y tener la decisión ya hecha antes de acudir a la tienda, pues pasar la tarde mirando escaparates por la calle o por los mega-centros comerciales, al menos para mí, es bastante estresante.

Interactuar con personas de difícil acceso, y con organizaciones que de forma física sería imposible, es otra de las cosas que se vuelven triviales en Internet, si sabes cómo hacerlas. Las posibilidades para automatizar o abreviar considerablemente cualquier proceso mediante las aplicaciones que hay disponibles en Internet, y que, cualquiera de nosotros podemos ostentar en nuestra propia web aunque no seamos una enorme compañía o institución reconocida, son infinitas. Cada día aparecen nuevas aplicaciones y facilidades que son gratuitas o muy asequibles, y variedades para todos los gustos y todos los bolsillos.

Esto es así porque las aplicaciones de software libre se realizan escrupulosamente bajo ciertos estándares, y porque sus códigos son abiertos para que sean revisados continuamente por otros desarrolladores que resuelven posibles fallos, y las mejoran día a día para hacerla más potentes, más versátiles, más fiables y más seguras. No es necesario tampoco implantar grandes paquetes de software que pagamos y que no necesitamos pues prácticamente todo se hace ya de manera modular, con componentes que son escalables y prácticamente autoadministrables, por lo que ya no hay excusa para que una empresa o institución de cierta categoría, se permita el lujo de prescindir de estos avances.

De hecho, y espero no lastimar la susceptibilidad de nadie, la falta de presencia en Internet transmite al navegante promedio una desagradable sensación de dejadez, apatía y desidia, y a veces, peor que no tener presencia en Internet es, tener una presencia precaria a través de un simple muro de Facebook (por más que otros lo hagan), o de una de esas páginas gratuitas que se ofrecen por ahí a cambio de alojar publicidad en ellas. En estos casos la sensación, además de dejadez es de tacañearía.

¿Qué Hacer con Tanta Tecnología?Y ¿Qué es lo próximo en tecnologías?

Pues nadie lo sabe, pero en los círculos freakies es un secreto a voces. Se trata de la Web 3.0, o la tercera generación de Internet, también llamada la Web inteligente. Allá por el MIT se trabaja mucho en consolidar patentes de aplicaciones para esta plataforma, aunque mucho me temo que el concepto de patente poco margen de maniobra está teniendo en Internet.

Confieso que me encantaría estar allí trabajando entre un montón de cerebritos, a ver si se me pegaba algo, pero para que me dieran el permiso debería antes demostrar, como español, que no hay nadie allí capacitado para realizar mi trabajo, que es como decir que no se puede, pues no hay nadie en este mundo que no sea sustituible.

Baste decir que un día no a tardar, mientras nos estamos despertando levantaremos la voz y diremos: “¿Google, será que llueve esta tarde?”, y nos dirá un pronóstico detallado del tiempo junto con otras novedades que la máquina sabrá que son de nuestro interés, y mientras nos duchamos, nos dirá por su propia iniciativa un informe realizado a partir de nuestros usos y costumbres según algún complicado algoritmo aprendido. Aprendido dije, pues en la web 3.0 tampoco se programan las máquinas, las máquinas aprenden.

Marta, hoy tengo una intervención en el CRODE ¿me veo bien con esta camisa?”. Y dependiendo de la relación que tengamos con nuestro sistema operativo, podrá contestarnos: “Te ves igual de gordo que siempre, deja de servirte cereales, ca…”. O quizás, si no solemos ser groseros con la máquina, nos dirá: “La camisa se te ve bien, el que no se ve tan bien eres tú mientras sigas ingiriendo excedentes calóricos que no te alimentan”… “Ah, por cierto, te acaba de llegar una multa a la bandeja de entrada, dice algo sobre un semáforo en naranja ¿qué hago, la pago o la devuelvo como buzón inexistente? Ah, y tu esposa dice que se tiene que quedar en Hong-Kong, que siente perderse tu cumpleaños”…

¿Qué Hacer con Tanta Tecnología?Como ven algunas cosas cambiarán y otras no. El hombre del tiempo seguirá diciendo impunemente “posibilidad de chubascos”, las instituciones seguirán asaltándonos en la vía pública, las relaciones de un freaky con personas normales seguirán siendo difíciles, y los malos hábitos alimenticios seguirán pasándonos factura, pero al menos las máquinas aprenderán sin tener que caer en ninguna piedra, y quizás logren soportarnos estoicamente.

¿O tal vez no?

Comentarios   

0 #1 Porter 28-03-2016 18:59
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