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C.S.I.C. - Ciencia

  1. 22/03/2019

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    La presidenta del Consejo Superior de Investigaciones Científicas (CSIC), Rosa Menéndez, ha asistido este jueves al “Encuentro con la Ciencia: La investigación española en el Siglo XXI”, celebrado en el Palacio de El Pardo y presidido por el rey Felipe y la reina Letizia. En esta reunión han participado tanto científicos consolidados y de reconocido prestigio como investigadores menores de 40 años con trayectorias emergentes, todos ellos escogidos por el Ministerio de Ciencia, Innovación y Universidades.

    Asistentes al “Encuentro con la Ciencia: La investigación española en el Siglo XXI”. / Casa de S.M. el Rey

    El ​ministro de Ciencia, Innovación y Universidades, Pedro Duque; la secretaria de Estado de Universidades, Investigación, Desarrollo e Innovación, Ángeles Heras; y el presidente del Consejo de Administración del Patrimonio Nacional, Alfredo Pérez de Armiñán también han acompañado a los expertos de diferentes campos de investigación en este acto.

    Durante la reunión se ha debatido sobre el presente y futuro de la ciencia en España abordando temas como la investigación en España en el siglo XXI: Áreas emergentes, multi y trans disciplinariedad, los retos del sistema de ciencia español, ¿qué universidad queremos en España en 2030?, y la transferencia de conocimiento y su impacto en la economía española y la sociedad.

    Entre los 20 científicos asistentes se encuentran varios investigadores del CSIC: Avelino Corma, del Instituto de Tecnología Química, Pablo Alonso González, del Instituto de Ciencias del Patrimonio, Antonio Córdoba, del Instituto de Ciencias Matemáticas y los Premios Nacionales de Investigación 2018 Pedro Jordano, de la Estación Biológica de Doñana, y Ramón López de Mántaras, del Instituto de Investigación en Inteligencia Artificial. Junto al resto de expertos, han aportado su visión en relación con la situación actual y el futuro de la ciencia en España.

  2. 21/03/2013

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    El Bisfenol A es un contaminante que está presente en muchos plásticos y aditivos plásticos y es capaz de causar desequilibrios en el sistema hormonal a concentraciones muy bajas. Durante las últimas décadas ha habido una mayor concienciación sobre la repercusión que puede tener sobre la salud así como del riesgo de que se acumule en la naturaleza y pase a la cadena alimentaria. Sin embargo, debido a su tamaño, su detección es compleja fuera del laboratorio. Ahora, un equipo internacional de investigadores con participación del Consejo Superior de Investigaciones Científicas (CSIC) ha conseguido por primera vez detectar Bisfenol A a muy bajas concentraciones a través de un pequeño biosensor portátil. El trabajo se publica en la revista Biosensors & Bioelectronics.

    Varias imágenes tomadas con microscopio de fuerza atómica (izq.) y microscopio óptico (dcha.) de las nanoantenas del biosensor. / CSIC

    El biosensor consiste en una serie de nanoantenas de oro sobre una longitud de 2,3 centímetros de fibra óptica. Sobre estas nanoantenas se inmovilizan moléculas sensibles al contaminante que se quiere detectar. El comportamiento de la luz que atraviesa la fibra depende de la frecuencia de resonancia de las oscilaciones colectivas de los electrones de conducción o “plasmones de superficie”, que a su vez depende de la concentración del contaminante. Eso permite medir con precisión esta concentración. “Nos sorprendió la sensibilidad del sistema, que resultó ser superior a lo esperado. Eso nos obligó a revisar cuidadosamente todos los aspectos del experimento para asegurarnos de que comprendíamos correctamente los mecanismos que estaban teniendo lugar”, señala Thomas Allsop, investigador del CSIC en el instituto de Óptica y primer autor del estudio.

    Los científicos señalan que la técnica puede aplicarse a otros contaminantes, no solo al Bisfenol A. “Nuestro trabajo demuestra que es posible utilizar sensores plasmónicos basados en fibra óptica para la detección con dispositivos portátiles de contaminantes con un peso molecular bajo y con límites de detección muy bajos. Hasta ahora tan sólo era posible alcanzar límites de detección cercanos a estos en medidas en el laboratorio, con medidas que no podían ser llevados a campo”, destaca el investigador del CSIC Juan Diego Ania, que también trabaja en el instituto de Óptica. Los resultados obtenidos abren la puerta a realizar medidas sencillas en el campo de la agricultura y proporcionar información ambiental muy valiosa.

    En el trabajo participan la University of Plymouth y la Aston University, ambas en Reino Unido, y la Università degli Studi di Firenze (Italia). 

    • Thomas D.P. Allsop, Ronald Neal, Changle Wang, David A. Nagel, Anna V. Hine, Philip Culverhouse, Juan D. Ania Castañón, David J. Webb, Simona Scarano y Maria Minunni. An ultra-sensitive aptasensor on optical fibre for the direct detection of Bisphenol A. Biosensors & Bioelectronics. DOI: 10.1016/j.bios.2019.02.043

     

  3. 20/03/2019


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    Una investigación internacional codirigida por el investigador del Consejo Superior de Investigadores Científicas (CSIC) Josep Peñuelas, del Centro de Investigación Ecológica y Aplicaciones Forestales (CREAF), ha calculado las temperaturas óptimas de los ecosistemas terrestres de todo el planeta y cómo pueden responder al cambio climático. El trabajo, publicado en la revistaNature Ecology & Evolution,permite prever cómo se adaptarán los diferentes ecosistemas vegetales al calentamiento global.    

    La temperatura media óptima de los ecosistemas terrestres, según la investigación, está en una horquilla que va de los 20°C a los 32°C. Las regiones con climas más cálidos tienen valores más altos que las regiones frías. Si la temperatura ambiental supera la temperatura óptima, la capacidad del ecosistema de crecer y fijar dióxido de carbono (CO2) procedente de la atmósfera disminuye rápidamente.  

    “El dato es relevante porque estos ecosistemas son sumideros de CO2 y su capacidad de secuestrar las emisiones es un factor clave a la hora de prever futuros escenarios frente al cambio climático. Sin embargo, el dato de cuáles son sus temperaturas óptimas no se ha considerado hasta la fecha para prever su posible aclimatación”, explica Peñuelas, firmante del artículo junto a otros 25 investigadores de 19 centros y universidades de todo el mundo. El trabajo también ha sido coordinado por científicos de la Universidad de Pekín, el LSCE-CNRS de París (Francia) y la Universidad de Amberes.

    La temperatura óptima como límite

    La temperatura óptima indica qué margen tienen los ecosistemas de adaptarse a los aumentos de temperatura porque, de hecho, se trata de un límite: si la temperatura media del ambiente sobrepasa esa temperatura óptima, la capacidad del ecosistema de crecer y atrapar CO2 se reduce fuertemente, por razones como el estrés hídrico, el envejecimiento acelerado de las hojas o el aumento del grosor de estas. 

    Según muestran los resultados, los bosques tropicales se enfrentan a un mayor riesgo que otros ecosistemas porque su temperatura óptima,29°C ± 3°C, está muy cerca de las temperaturas medias del aire.  “Es preocupante -dice Josep Peñuelas-, porque  “los bosques tropicales suponen una gran extensión de cubierta vegetal en el planeta y son esenciales en la captación de emisiones”. 

    Al contrario, los que tiene mayor margen de adaptación son ecosistemas como la tundra tibetana, con una temperatura óptima de 13°C± 3°C, o los bosques boreales perennes, cuya temperatura óptima es de unos 18°C.

    “Los boreales son los bosques que más han crecido en los últimos años”, explica Peñuelas, “lo que está permitiendo fijar más CO2. Pero este crecimiento es cada vez más lento y no será indefinido, porque hay factores limitantes, como el espacio o la disponibilidad de agua, que son limitados”. 

    El artículo es un minucioso trabajo en el que se han recopilado y analizado todo tipo de datos como productividad, capacidad de fotosíntesis, temperaturas diarias medias, observaciones vía satélite de la vegetación y su distribución geográfica, o datos de las torres de flujo de gases de todo el planeta (unas 500 en total). Estas últimas analizan el flujo de aire, el intercambio de CO2, y cuántas emisiones son absorbidas por la vegetación. 

    Se prevé que a finales de siglo la temperatura máxima diaria del aire terrestre global aumente en 1,9°C, según los escenarios más prudentes, y unos 5,6°C según las previsiones más pesimistas. 

    • Mengtian Huang, Shilong Piao, Philippe Ciais, Josep Peñuelas, Xuhui Wang, Trevor F. Keenan, Shushi Peng, Joseph A. Berry, Kai Wang, Jiafu Mao, Ramdane Alkama, Alessandro Cescatti, Matthias Cuntz, Hannes De Deurwaerder, Mengdi Gao, Yue He, Yongwen Liu, Yiqi Luo, Ranga B. Myneni, Shuli Niu, Xiaoying Shi, Wenping Yuan, Hans Verbeeck, Tao Wang, Jin Wu and Ivan A. Janssens.Air temperature optima of vegetation productivity across global biomes. Nature Ecology & Evolution's. DOI: 10.1038/s41559-019-0838-x
  4. 19/03/2019

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    Un estudio internacional con participación de investigadores del Consejo Superior de Investigaciones Científicas (CSIC) ha determinado que los océanos han capturado de la atmósfera 34 gigatoneladas (miles de millones de toneladas métricas) de dióxido de carbono generado por el hombre entre 1994 y 2007. Los resultados del estudio, liderado por el profesor Nicolas Gruber, del centro ETH de Zurich, y publicado en Science, indican que esta cifra se corresponde con el 31% de todo el CO2 antropogénico emitido durante ese tiempo.

    “Los océanos funcionan como un gran sumidero de CO2”, explica Fiz Fernández, investigador del Instituto de Investigaciones Marinas, de Vigo, que ha participado en el estudio. Este sumidero oceánico es crucial para los niveles atmosféricos de este gas; sin este sumidero, la concentración de CO2 en la atmósfera y el alcance del cambio climático antropogénico sería considerablemente mayor. Por tanto, determinar qué parte del CO2 generado por el hombre es absorbida por el océano ha sido una prioridad para los investigadores del clima.

    Este porcentaje de CO2 capturado por los océanos ha seguido relativamente estable en comparación con los 200 años precedentes, pero la cantidad total ha aumentado sustancialmente. Esto se debe a que mientras la concentración atmosférica de CO2 aumenta, el sumidero oceánico se refuerza más o menos proporcionalmente: cuanto más CO2 hay en la atmósfera, más es absorbido por los océanos; hasta que al final se queda saturado.

    Hasta ahora no se ha llegado a ese punto. “A lo largo del período examinado, el océano global ha seguido capturando CO2 antropogénico en una proporción que es coherente con el aumento de CO2 atmosférico”, explica Gruber.

    Moderando el ritmo del calentamiento global, el sumidero oceánico de CO2 proporciona un importante servicio para la humanidad, pero tiene su contrapartida: el CO2 disueltoen el océano acidifica el agua, lo que tiene graves consecuencias para muchos organismos marinos.

    Los océanos, grandes depósitos de CO2

    No todo el dióxido de carbono generado durante la combustión de los combustibles fósiles se queda en la atmósfera y contribuye al calentamiento global. Los océanos y los ecosistemas terrestres capturan cantidades considerables de estas emisiones de CO2 antropogénicas de la atmósfera.

    El océano captura del CO2 en dos fases: primero, el CO2 se disuelve en la superficie del agua. Luego la circulación oceánica lo distribuye: corrientes oceánicas y procesos de mezclado transportan el CO2 disuelto desde la superficie a las profundidades del océano, donde se acumula a lo largo del tiempo.

    Los resultados del estudio se basan en un estudio global del CO2 y otras propiedades químicas y físicas en los diversos océanos, medidas desde la superficie hasta las profundidades de hasta 6 kilómetros. Científicos de 7 países han participado en este proyecto internacional que empezó en 2003. Globalmente han efectuado más de 50 singladuras de investigación hasta 2013, cuando fueron puestos en común todos los datos.

    • Nicolas Gruber, Dominic Clement, Brendan R. Carter, Richard A. Feely, Steven van Heuven, Mario Hoppema, Masao Ishii, Robert M. Key, Alex Kozyr, Siv K. Lauvset, Claire Lo Monaco, Jeremy T. Mathis, Akihiko Murata, Are Olsen, Fiz F. Perez, Christopher L. Sabine, Toste Tanhua, Rik Wanninkhof. The oceanic sink for anthropogenic CO2 from 1994 to 2007. Science. DOI:10.1126/science.aau5153 
  5. 19/03/2019

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    Nota de prensa

    El laboratorio de instalaciones del Instituto de Ciencias de la Construcción Eduardo Torroja del Consejo Superior de Investigaciones Científicas (CSIC) ha obtenido la acreditación ENAC (Entidad Nacional de Acreditación) sobre ensayo y calibración. Esta acreditación, que sigue la norma UNE-EN ISO/IEC 17025, reconoce la capacidad de este laboratorio de operar de forma competente y con la capacidad de generar resultados válidos en el campo de los elementos constructivos y los cerramientos en edificación, conducciones y sus accesorios de materiales plásticos y materiales compuestos.

    “Para nosotros y para cualquier laboratorio de ensayos o calibración europeos, es un orgullo propio que se traduce de cara al exterior en un reconocimiento de que los procedimientos de ensayo acreditados se realizan con absoluto rigor siguiendo escrupulosamente las normas indicadas.  Indica un grado de confianza superior”, explica el investigador el CSIC José María Chillón, Jefe del Laboratorio de Instalaciones del Instituto de Ciencias de la Construcción Eduardo Torroja.

    Según datos de la Unidad de Calidad del CSIC,solo ocho laboratorios de la institución, tres de ellos en Madrid, han sido aprobados con este reconocimiento. La acreditación ENAC ofrece un amplio abanico de posibilidades a los centros que la reciben, ya que distintas entidades y empresas cada vez más exigen que los ensayos que encargan estén acreditados. “Por otra parte proporciona un cierto valor añadido en forma de prestigio adicional que incrementa el respeto técnico y científico a los trabajos encomendados”, añade Chillón. 

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